A medida que cambian las estaciones, la piel responde de forma natural a los cambios climáticos: el aire seco, los cambios de temperatura y los factores estresantes del entorno suelen manifestarse en la superficie de la piel. Tanto en los meses más cálidos del hemisferio norte como en los más fríos del sur, estos cambios pueden influir en el aspecto y el tacto de tu piel.


